10 de febrero de 2021

9F: La cara autoritaria de Nayib Bukele

Hace un año, El Salvador sufrió una grave fractura a su democracia con el asalto a la Asamblea legislativa liderado por el presidente Bukele, apoyado por la Fuerza Armada y la Policía Nacional Civil. El impulsivo e intolerante gobernante, se amparó en su popularidad y en el descontento de la población para justificar la militarización del congreso legislativo como medida de presión para la aprobación de fondos para el Plan Control Territorial, pero su principal objetivo era dejar claro que él tenía el “sartén por el mango”.

Con el poder en sus manos, Bukele, no solo se tomó la Asamblea, sino que mantiene una amenaza permanente contra los parlamentarios y Magistrados de la Corte Suprema de Justicia por no dejarlo gobernar bajo sus reglas autoritarias. Hoy esa equivocada decisión, aunque carece de humildad para reconocer su error, le ha pasado factura a su gobierno, ya que ese día, El Salvador volvió a ocupar los titulares de prestigiosos medios de comunicación, no para alabar los tuits de Bukele sino por poner en peligro la frágil democracia fruto de los Acuerdos de Paz de 1992, calificados de farsa por él.

Para la comunidad internacional, el presidente salvadoreño ha confirmado con sus actos, propios de un dictador, que le estorba la democracia y busca desmantelar el poder Legislativo y Judicial para gobernar sin tropiezos. Por su parte, Gabriela Cuevas Barron, presidenta de la Unión Interparlamentaria, que es una organización que representa a la rama legislativa de los gobiernos en una escala mundial, pidió el respeto a la división de poderes y al libre ejercicio de la función parlamentaria son condiciones indispensables para la democracia, mientras que el Instituto Holandés para la Democracia Multipartidaria hizo un llamado a las fuerzas políticas del país, para respetar los procesos y funciones que se otorgan a cada poder del Estado en la Constitución de la República.

Desde su llegada al poder, país continúa sumergido en otra crisis política y guerra digital, liderada por su gabinete de gobierno y ejército de trolls cuya misión es limpiar su imagen fuera del territorio nacional, utilizando los fondos del Estado en publicidad. El llamado de los organismos internacionales para respetar la institucionalidad e independencia de poderes, siguen resonando e incomodando el oído de Bukele, pero cada día se aleja más de la democracia.